Con el padre Grzegorz Polok, que trabaja con hijos adultos de alcohólicos, habla Agata Puścikowska.
¿A quién podemos describir como hijo adulto de un alcohólico? ¿Qué gravedad tiene este problema?
En pocas palabras, es un adulto que ha crecido en una familia en la que el padre, la madre, a veces ambos, abusaban del alcohol o eran alcohólicos. La inseguridad, la falta de amor o incluso la violencia física que el niño experimentó dejan una huella que en la vida adulta puede traducirse en dolor, miedo e inestabilidad emocional. Los padres que no mostraron amor ni proporcionaron un sentido de seguridad a sus hijos no cumplieron sus responsabilidades fundamentales y «equiparon» a sus hijos con graves defectos. Los hijos adultos de alcohólicos tienen ansiedades, baja autoestima, muchos son perfeccionistas, y el perfeccionismo no facilita la vida. Muchos tienen enormes problemas para entablar y construir relaciones. Se estima que el 40 por ciento de los adultos en Polonia proceden de familias con problemas de alcohol.
Ha dicho que es un adulto cuyos padres eran alcohólicos o abusaban del alcohol. ¿Dónde está el límite entre el consumo ordinario de alcohol y el abuso destructivo para la familia?
La cantidad de alcohol consumido no es lo decisivo. El problema es que en las familias alcohólicas el alcohol es la sustancia que ayuda a lidiar con el estrés, consuela y da una ilusoria sensación de felicidad. Hay grados en vez de relaciones sanas y amor.
Al trabajar con jóvenes de familias alcohólicas, ¿los ayuda no solo psicológica sino también espiritualmente? ¿Es necesaria la fe en la recuperación?
Creo que la fe es una gran ayuda. Las personas comprenden que el amor de Dios es ilimitado e incondicional, un sentido de gran alegría y aceptación, aunque no lo recibieran de sus padres. Sin embargo, puede ser difícil, porque muchas personas de familias alcohólicas tienen una imagen distorsionada de Dios que a menudo procede de la imagen de los padres, sobre todo del padre... Sé que afrontar el síndrome del hijo adulto de alcohólicos solo es posible en el plano psicológico, a través de la terapia. Pero si la terapia se une a la referencia a Dios, entonces creo que surge un valor añadido.
Los hijos adultos de alcohólicos tienden a transferir las experiencias de la infancia a sus propios hijos. ¿Es posible evitar esa situación?
Los hijos adultos de alcohólicos a menudo transmiten sus miedos a sus hijos. Son insensibles o, al contrario, sobreprotectores. Estas personas recibieron indicaciones engañosas sobre cómo recorrer el camino de la vida, y esas indicaciones pueden transmitirse. Si no elaboran sus problemas, si no ordenan sus emociones, tendrán grandes dificultades para mostrar el camino correcto a sus hijos. Sé que en muchos casos empiezan a buscar ayuda solo cuando se convierten en padres, porque quieren criar a sus hijos con sabiduría y ser capaces de amarlos.