Aleksandra Pietryga conversa con el doctor Grzegorz Polok sobre las familias disfuncionales, los fantasmas emocionales y un nuevo libro.
¿Para quién escribió «En el camino hacia uno mismo»?
Sobre todo para quienes vivieron una infancia infeliz, ligada a una familia disfuncional, a la falta de seguridad o al abuso de alcohol de los padres. El libro es también para todo el que quiera comprenderse mejor a sí mismo o a los demás.
¿Cuándo es disfuncional una familia?
Cuando limita la posibilidad de un desarrollo psíquico o físico normal de sus miembros, sobre todo de los niños. Puede estar relacionado con la adicción de los padres al alcohol, con la violencia, con exigencias inadecuadas hacia los hijos, con el divorcio, con la muerte de uno de los padres o con su ausencia permanente en casa. En este caso, una disfunción concreta nace del comportamiento de un progenitor y afecta a cada miembro de la familia.
¿Qué le ocurre a un niño y luego a un adulto que crece en una familia así?
El mayor problema suele ser una autoestima muy baja. Además, la incapacidad de encontrar el propio lugar en la sociedad, la incapacidad de comprender el mundo que le rodea, miedos intensos, el miedo a mostrar las emociones. Puede provocar el repliegue de la realidad, el retraimiento o, al contrario, un activismo excesivo. Casi siempre estas personas tienen dificultades para construir relaciones sanas.
¿De dónde viene su sensibilidad hacia estos temas?
Siendo capellán universitario, durante el primer retiro organizado para estudiantes noté que un tercio de los jóvenes que se atrevieron a venir y hablar luchaban con problemas típicos de las personas procedentes de familias disfuncionales, sobre todo los relacionados con la adicción de los padres al alcohol. Pensé que no se les podía dejar solos. Empecé a buscar posibilidades de ayudarlos. Gracias al apoyo de la ciudad de Katowice y de la terapeuta Teresa Adamczyk, se creó el grupo terapéutico. Comenzó un trabajo de un año para estudiantes de familias disfuncionales e hijos adultos de alcohólicos. La necesidad de escribir un libro nació de escuchar a esas personas, de las conversaciones y las confesiones. Al principio, el libro «Despliega las alas» se dirigía a los jóvenes, y después «En el camino hacia uno mismo» estaba destinado a todos los lectores: por un lado, para mostrar la magnitud del problema, y por otro, para dar a otras personas con esas dificultades la posibilidad de encontrar ayuda.
¿En qué se basa esta terapia de grupo?
El modo de terapia depende de cuánto afectaron las disfunciones al desarrollo de la persona, de su apertura, honestidad e implicación. Esta terapia puede ser individual, pero la experiencia demuestra que el trabajo en un grupo de personas que comparten el mismo problema da los mejores resultados. Durante la terapia, las personas aprenden a descubrir las raíces de sus problemas, a nombrar los sentimientos, descubren nuevas maneras de expresarse. «Desentierran» los miedos sepultados en el subconsciente para, finalmente, elaborarlos y librarse de ellos. Lo llamamos sacar las piedras de la mochila que carga nuestra vida diaria.
¿No es esta confrontación, en cierto modo, echar sal en la herida?
Lo es. Sin embargo, solo así es posible iniciar el proceso de sanación de una persona. Es como una llaga supurante: hay que limpiarla. Es difícil, lo sé. Recuerdo a estudiantes que empezaron esta terapia varias veces; siempre, en algún momento, sentían miedo del dolor, pero al final la superaron. Es también romper las reglas que rigen en las familias disfuncionales: no confíes, no cuentes, no sientas. Si se logra romperlas, hay una posibilidad de elaborar las propias emociones y dolores, y entonces se abre el camino hacia la sanación. A veces hay que destruir algo para reconstruirlo de nuevo. Aunque duela.
Pero ¿quién reconstruye desde cero ese interior roto de una persona?
Un psicólogo o terapeuta da las herramientas, ayuda a lidiar con los fantasmas emocionales del pasado. El resto hay que elaborarlo uno mismo. Es posible con la ayuda de la gracia de Dios y de otra persona. Prestamos mucha atención al aspecto espiritual de la terapia: la Eucaristía, la unción de los enfermos, la posibilidad de conversar. No imponemos nada. El grupo está abierto a cualquiera: al creyente, al no creyente, al rebelde, al que busca. A veces las personas encuentran aquí a Dios.
¿Cuál es hoy la conciencia de la Iglesia sobre la magnitud del problema en Polonia?
Es mucho mayor que antes. En nuestra archidiócesis se construyen centros que ayudan a los codependientes o a los adultos procedentes de familias disfuncionales. Los sacerdotes se implican con gusto en ayudar a las personas con esa carga.
El padre, doctor Grzegorz Polok, es profesor ayudante en la Universidad de Economía de Katowice y capellán universitario en Katowice-Zawodzie.